sábado, 26 de junio de 2010

LA NIÑA DE ARENA Y EL PESCADOR DE PIEDRAS


CAPITULO I

Amanecía y como todos los días Ernisca se levantaba muy temprano para ir a la escuela, como su madre dormía ella misma se sirvió una infusión caliente de granito líquido con chispitas de polvo de meteorito y se fue saltando a la escuela sin olvidarse de limpiarse los dientes previamente.

Pero algo le habría de suceder esta vez, algo inesperado que haría que esta vez no fuera un día como cualquier otro.

¿Quieren saber qué es?

Pues bien véanlo en el segundo Capítulo.

CAPITULO II

Ernisca iba distraída por el camino sin percatarse de que se había pasado el cruce que la llevaba a la escuela y no se dio cuenta de su error sino hasta que llego al bosque de los arbustos petrificados allí se detuvo y al percatarse de lo acontecido se puso a llorar.

Sus lagrimas fueron tales que al juntarse la arena que brotaba cual lagrimas de sus ojos color violáceo con el viento que en ese momento había en el sitio, molestaran a un hombre ya mayor de unos 750 u 800 años.

Gustavo A.Borquez R.

¡EXISTO? (de los cuadernos de mi esposa Aurora)


¿Como sabes que yo existo?


Más...eso no importa. El tiempo tampoco existe y tu lo mides.

La dimensión no es más que la unión del aquí y del allá para formar un ahora continuo sin final.

El tú, el yo, el nosotros, no es ni tan siquiera el nosotros porque nosotros somos lo que recordamos que somos y recordamos tan poco que es como nada.

Tu y yo somos uno mientras estemos hechos el uno para el otro.

Tu y yo no somos nada. Si no sabemos que existimos mas allá de hoy.

Aurora Roubik

Fragmento del cuento el cartero (de los 21 cuentos de los cuadernos de mi esposa)


EL CARTERO:


Toc- Toc

¿Quién es?

Soy yo, el cartero.

Se oyen pasos aletargados

Ya sé, es muy temprano, lo siento.

No, no se preocupe, esta bien.

¿Qué es?

Un sobre del extranjero certificado. Firme aquí por favor

¿Es necesario?

¡Si lo es!

Le extendió el lápiz el cual corrió como olas sobre el papel. El brillo helado de aquellos ojos, presagiaba tormenta al leer la carta. Luego, con un rápido movimiento la rompe en mil pedazos.

El cartero, fiel exponente de la psicología callejera, enfiló sus pasos hacia otra puerta no sin antes despedirse cortésmente recibiendo como respuesta un desganado “hasta luego” como el acero.

Cada paso lo separaba aun más de la franja tricolor del sobre que había depositado. El sólo lo entregaba dónde indicaba la dirección y sin embargo, sabia que no estaba donde debía estar.

Repasaba mentalmente lo poco que sabia sobre aquel lejano lugar. Narraba un viejo amigo de su padre, que ese país brotaba enclavado entre mares y montañas y que al ondear su bandera honraba a las cumbres nevadas de su cordillera, al azul del cielo que lo cobija y la sangre de sus valientes araucanos de cuyas gotas derramadas nacieron los copihues, la flor roja que los representa.

sábado, 19 de junio de 2010

Parte del capitulo I UN MUY LEJANO AYER

Parte del capitulo I UN MUY LEJANO AYER


No sé por cuanto tiempo he atesorado éstos recuerdos, de lo que estoy segura es que son parte de mi vida, no de la que vivo ahora, de otra ya perdida en el tiempo, ¿es lo que llamamos eternidad?









Mi mente vaga cruzando cielos, montañas y arco iris; de lejos diviso mares, tierras y desierto, ahí me detengo: Tiendas multicolores y tapices, caballos, camellos, dromedarios, hombres, mujeres, niños y niñas, todo emana calor y belleza. La vida se hace presente en todo su esplendor. Un cielo azulado compitiendo con el dorado intenso de los incontables granitos de arena, el crujir de las palmeras y el cristalino chisporroteo del manantial que cobija todas las esperanzas de quienes vivimos a su alrededor; todo esto, convierte nuestra existencia en lo que somos, una tribu feliz, organizada y culta.







Nuestros abuelos y sus abuelos y otros, otros abuelos más se han preocupado de entregarnos su sabiduría para que año tras año recopilemos todo cuanto seamos capaces de comprender. Ponen mucho énfasis en que ellos son meros observadores e interpretadores de los mensajes astrológicos y terrenales. Yo diría más bien, que conocen al cosmos y por ende a nuestro planeta tanto como a nuestro oasis.







Crecí en medio de los cuentos de mi abuela y de mi madre, donde reconozco ahora, recibía lecciones y entretenimiento al mismo tiempo. Me encantaba hacer gala de éstas narraciones a mi única hermana, menor que yo siete años. Anuka, sobrenombre cariñoso; era graciosa, regordeta (sin ser gorda), de mejillas siempre sonrosadas, cabellos castaño oscuro rizados, espectaculares ojos almendrados bordeados por largas y sedosas pestañas que hacían más llamativo el verde oliva que le caracterizaba, una boca pequeña de labios delgados que la mayoría de las veces permanecía abierta, ya fuera comiendo frutos silvestres, riendo, cantando o mostrando un desmesurado asombro ante mis locuras. Sus siete añitos no habían podido ocultar su carita de bebé siempre tierna. Sus manitos generalmente estaban agarradas a otras más grandes o a algún vestido o túnica cuyo usuario tuviera la gentileza de soportar los desmanes de cariño de mí adorada hermanita.







Yo por el contrario era alta, muy delgada, ojos negros y profundos como una noche de invierno, mi piel una vez blanca, lucia tostada por el sol, mi cabello castaño claro se veía surcado de matices color miel (no creo que haya sido un regalo genético, me inclino a pensar mas bien un obsequio de los rayos solares quienes caían sobre mí en todo momento) los que caían suavemente ondulados sobre mi espalda. Mi estilo de vida era un tanto diferente, creo que mi padre esperaba un primer hijo varón y mi madre tal vez no puso mucho énfasis en que yo era una niña y me vi obligada a absorber muchos de los dos. Lo cierto es que sin ningún tipo de tropiezo en mi personalidad, cazaba, cabalgaba. Bailaba, tejía, cocinaba, y me reía muchísimo cuando se referían a mí como una chica exótica. Yo era mucho más que eso, seguía los pasos de mi madre y mi abuela que eran consideradas las mujeres más sabias de la tribu claro que a los catorce años, prefería ostentar mis otras artes y dejar para después ésta tan importante, seguramente tendría mucho tiempo para desarrollarla. Era común verme en constante movimiento o en la quietud más plena. Mi alegría y entusiasmo eran fuente de inspiración para quienes tuvieran el tiempo necesario para seguirme, no uso la palabra acompañarme, porque reconozco que era difícil alcanzarme. Un buen consejo para cualquiera que no me conociera tan bien seria: “Si me quieres ver bailar... pídeme que cante; pero si realmente me quieres, ver bailar… y el brillo de tus ojos lo hace saber, ten todo preparado para mi baile y de seguro no te defraudaré”. No me mal interpreten, no soy engreída ni nada que se le parezca, solamente me falta tiempo para hacer todo lo que quisiera. y lo que mas quiero es VIVIR. Los días, los meses y los años son tan cortos, como me gustaría poderlos alargar.







Entre mis obligaciones estaba el escribir los pergaminos que me dictaba mi madre la mayoría de las veces y unas pocas mi abuela. Lo hacíamos noche tras anoche en el más absoluto secreto, esperábamos que las voces se acallaran y tomaran su lugar los sonidos mágicos del desierto los cuales bullen aún en mi cerebro sin encontrar las palabras precisas para describirlos. Mi madre iba perdiendo la visión paulatinamente, era tan autosuficiente que creo que jamás hubiera podido confesar que un impedimento la estaba doblegando. Jamás me pidió que mi escritura quedara en el anonimato, era algo que se podía intuir, el no haberlo hecho hubiese sido una traición sin limites. Yo la quería y la admiraba muchísimo, ni siquiera sé si mi padre estaba al tanto de la situación. Mi abuela no sabia escribir ¿habrá mi madre conservado un secreto como éste cuando era ella quien escribía a la luz del fuego lo que mi abuela le dictaba?

PENSAMIENTOS DE AURORA ROUBIK

13.- El tiempo de espera, es tal vez la unidad de tiempo más sabia.


14.- La vida es la suma y resta de tus momentos.Trata de sumar pétalos y restar espinas.

15.- Si es cierto que el amor nos hace sonreír de felicidad... ¿Porqué demoramos tanto en sembrarlo?

16.- He encontrado tanta sabiduría en los niños, que me atrevo a decir que recuerdan mejor que nosotros las enseñanzas de vidas anteriores.



Junio de 2010

martes, 27 de abril de 2010

LA NIÑA DE LOS BURRITOS

 

 

LA NIÑA DE LOS BURRITOS

De esto ha pasado ya  muchísimo  tiempo, no obstante, las lenguas de los lugareños, no lo dejan olvidar.


Es el paso obligado para un modesto caserío  entre montañas, sus cambios  a través del tiempo son casi imperceptibles, no obstante los más notorios, curiosamente se originaron en la misma  familia.
La ultima casa y de por si alejada de las otras pertenecía al guardián del cementerio de la zona, deberíamos  decir guardián y autoridad, puesto que la máxima función de autoridad era conocer a la persona que estaba cambiando  de morada y asegurarse  de que se le pusiera una cruz,  sino con el nombre completo, al menos su sobrenombre o simplemente sus iniciales.
“Hombre trabajador, buen hijo  y buen amigo”, así  opinaban de él  sus familiares y sus amigos.
Todo transcurría  normal  hasta  que un buen día Moncho tuvo que  ponerle la cruz a su padre y a los pocos meses la de su madre.
Los primeros días contó con las reiteradas  visitas de  vecinos y compañeros, pero poco a poco éstas se fueron distanciando y Moncho comenzó a darse cuenta de que su casa le estaba quedando  grande.
Para él, éso era sinónimo  de buscar pareja, no obstante sus amigos queridos que de una u otra forma velaban por él, decidieron aportar todo lo que fuese posible para no ahondar la soledad de una persona tan querida.
Así fue como uno a uno fueron  llegando  los fantasmas del lugar  a aquella casa y ésta se llenó  de presencias que se hacían sentir.
Aún no sabiendo  mucho del Mundo del Más Allá, parece ser que tienen costumbres parecidas a los nuestras  cuando  pecamos de poco educados y nos presentamos  a una casa con un amigo al que no  habían invitado, única razón  valedera para entender a Moncho cuando se quejaba de que ya no cabían en su casa porque  convivía con sus amigos, más los amigos de ellos y alguno que otro de sus familiares que estaba familiarizado con el alboroto.
Como estaba decidido a  vencer la soledad con métodos más  convencionales, continuaba albergando la idea de  encontrar una linda joven para convivir.
Aunque su meta era clara y precisa, el escollo de los fantasmas era algo digno de considerarse.
La mejor solución que encontró fue ampliar la casa y habitar la parte nueva con su compañera a quien seguramente no tardaría en encontrar.

El bahareque de la casa y las  negociaciones para el asunto señora iban al unísono, dos cerditos menos en su corral y una linda morenita traspasó el umbral de su morada.
La casa completa era un verdadero monumento a la  multiplicación, aumentaban los fantasmas, los cerdos, la familia y los gritos de Margarita cada vez que una educada sombra le prendía el fuego o la ayudaba a tender los pañales de  la Charito  que había llegado justo a los 9 meses de la entrada triunfal de Margarita en el preciso momento en que los dos lechoncitos despedían un apetitoso aroma y se destapaban cajas y cajas de cervezas. Charito  era la única que se reía  todo  el día porque descansaba en  su cuna únicamente cuando su asustadiza madre la iba a ver, ya fuera preocupada por su silencio o su algarabía. La más de las veces la Charito volaba por los aires de brazo en brazo amorosamente  cuidada por “tíos” un tanto extraños y no siempre visibles.
Al cumplir su primer año la Charito, no podía faltar la clásica canción de  festejo, sólo que  fue coreada intempestivamente por tantas voces, que Margarita no quiso quedarse ni siquiera para recoger  a la niña y echó a correr montaña  abajo como liebre asustada negándose a regresar hasta tanto Moncho no despidiera a sus amigos “invasores”
No habiendo mas remedio a tamaño mal, Moncho comenzó nuevamente la operación construcción de vivienda, ésta vez contaba con que seria la definitiva, para lo cual  le regalaba su casa a  sus extraños amigos con el compromiso formal de que no lo siguieran a la nueva..
Así pasaron los años, Charito ya era toda una jovencita y ayudaba a su padre y a su madre en su “empresa”; habían cambiado sus cerdos y cerditos por burritos y aprovechando que ahora vivían en la entrada del camino que se internaba en la montaña donde a  lo lejos quedaba el caserío, alquilaban sus animales para trasladar leña, yuca, plátanos y cambures principalmente. Los animalitos iban y venían; siempre eran atendidos por los usuarios y sus dueños quienes verdaderamente los querían y cuidaban con ahínco.
Hacía algunos años se había instalado en los faldeos un hombre que se hacía llamar Damián, comenzó visitando la zona y retirándose, alargando su permanencia cada vez más hasta que se instaló definitivamente. Vivía de la caza y no gozaba del aprecio de nadie, mucho menos de Moncho y Margarita quienes veían con temor como asediaba a su hija.
Charito intentaba alejarse lo más posible de este sujeto y cuando no lo lograba se veía obligada a pasar malos momentos llegando incluso a bañarlo con cualquiera de las palanganas que hacían de  bebederos de sus queridos asnos.
El tiempo implacable continuaba su marcha llevándose primero a su padre y luego a su madre.
La alegría contagiosa de Charito, se iba alejando poco a poco, la compañía de sus animales era su único consuelo, todos los esfuerzos que hacían los lugareños para atenderla resultaban infructuosos. Se apagaba poco a poco.
Las insinuaciones de Damián cada vez más asquerosas era quizás lo único que perturbaba la calma en que vivía.
Una mañana de un domingo lluvioso se la vio corretearlo armada con un grueso palo al tiempo que le gritaba: ¡No me tendrás mientras viva, desgraciado!
La escena  mostraba a Charito como ganadora por lo que el arriero, testigo del asunto, prosiguió su camino no sin antes sonreír montado en Rosca, una de las viejas burritas de los Guaramato como se les conocía.
A las 5 de la mañana del Lunes inmediato, cuando aún José caminaba al lado de Rosca pasando por el despeñadero, la zona más abrupta del camino el cual no era conveniente hacerlo montado seguía tranquilamente su rutina para devolverla y cancelar por ende el acarreo de su mercancía, se sobresaltó al comprobar que la burrita  quien por sus años era un tanto lerda, amenazaba con imitar a Yedra, la más joven del grupo por lo que su “jinete” bromeaba “ te di demasiado desayuno por eso estas tan fuerte” Pasado el trayecto peligroso, se montó y permitió que el animal llevara el paso que quería.
El primer signo de que algo estaba mal lo dio el hecho de que aún  el corral no estaba vacío, se divisaban los burros adentro ¡Charito, Charito! se dejó oír en la montaña, don José se apeó de su cabalgadura y corrió con todas sus fuerzas. La puerta estaba abierta, los burros en un círculo perfecto convergiendo en un punto interno todos sus traseros y sus cabezas en el exterior, rebuznaban lastimeramente.
 Rosca se unió en el acto a la vocalización y el alarido de  don José fue la nota culminante; en el punto central estaba el infeliz Damián aprisionado hasta quitarle el último aliento de sus pulmones por Duque, Roseta, Yedra, Mora, Morocota, Chiquito y Porfiado.
En el rincón más oscuro estaba el cuerpo ensangrentado de Charito, su palo dividido en dos daba pruebas de haber  sido usado en uno o más golpes certeros pero no lo suficientes como para  tener a Charito de éste lado.
Algunos, los que tuvimos la dicha de crecer con Moncho y Margarita; estando sentados acompañando el cadáver de su hija, nos pusimos a contar cuanta aventura habíamos enfrentado juntos y la que más me impactó fue una que vivió Moncho con mi hermano y que conocí recién ésa noche.
La historia comienza con uno de los extraños amigos de Moncho decía mi hermano muy seriamente, era un duende, ambos eran inseparables, compartían horas y comidas, cuando se le creía sólo, no lo estaba, su largo, flaco, envejecido y buen amigo estaba  con él. Un día Margarita se quejó de que siempre era la última mujer en recibir en el umbral de la puerta a su hombre y demostró tristeza y preocupación por el asunto. Su buen compañero le prometió aclararle todo de la mejor forma posible y lo hizo; le manifestó su problema a Pimpilin y éste siguiendo  las tradiciones de su grupo donde no se permite herir a nadie ni con el pensamiento, estuvo dispuesto en el acto a  resolver la cuestión.
Fijaron el encuentro para el día siguiente a tempranas horas y como habían supuesto, Margarita podía creer en todo menos en duendes, Pinpilin la invito a su tierra. Como ésta situación no estaba prevista, el tuvo que cumplir múltiples ocupaciones comprometidas de antemano por lo que dejó a su invitada en manos de algunas duendecitas de buena voluntad y muy satisfecho de haberle  resuelto  el conflicto a su amigo, se olvidó del asunto.
A los pocos días se encuentran nuevamente los dos amigos y Moncho le confiesa estar muy preocupado puesto que su señora no regresó. Animosamente Pinpilin se une a la búsqueda y a los pocos pasos se acuerda que aún  “no la ha devuelto”, pide excusas por su olvido, da 3 brincos al Norte,3 al Sur, 4 al Este y 4 al Oeste. Salta al centro donde gira 7 veces y retorna al lado de su amigo que no logra cerrar la boca. Margarita sale del circulo imaginario como si hubiese faltado solo unos segundos y comienza a mostrar los obsequios recibidos, piedritas que brillan, frutos secos, semillitas, hebras vegetales con las que adornará su cabello al tiempo que promete guardar el secreto como se lo pidieron sus nuevas amigas.
Ya muy entrada la noche, todos se dispusieron a partir no sin antes acomodar a los burritos que ahora eran responsabilidad de la comunidad cuando el encargado designado para la primera  tarea dice tan pronto entra como sale del corral: “No me van a creer esto...todo está hecho”
¿Quién fue?  Pregunta repetida a coro.

 Seguramente fueron ellos, quisieron ser los primeros dijo uno de nosotros y los murmullos de aprobación pusieron punto final a las dudas. Tal vez quieren ser los únicos dijo el más viejo de todos, una inclinación de cabeza en señal de respeto, un silencio seguido de unos pasos que ponían de manifiesto que era la hora precisa para retornar a sus hogares, puso punto final al día para dar comienzo a la noche y así continuar con la rueda de la vida.        
Aurora Roubik
22 Diciembre 2002

jueves, 15 de abril de 2010

Extracto de:UN ET EN MI CAMINO (de los 21 cuentos de los cuadernos de mi esposa)

Supe años más tarde que el encuentro entre Ixel y ella fue corto, él captó la respuesta sin que ella moviera los labios. Él informó la hora de la partida, le indicó la dirección correcta por donde la nave interplanetaria haría su salida de la Tierra y ambos programaron un sistema de luces que iba a ser el símbolo de la despedida de los enamorados. Me consta que mi tía anotó cuidadosamente las veces que se prenderían luces de tal o cual color, la frecuencia entre ellas, el tipo de giro que la nave haría y todo cuanto pudiera servir para un adiós que nosotros, simples terrícolas a lo sumo hacemos agitando un pañuelo en un puerto cualquiera en tanto nos secamos las lágrimas mientras el barco se va alejando poco a poco.